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LEYENDA DE LA ALBAHACA

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En la ciudad siciliana de Messina vivían tres prósperos hermanos mercaderes –hijos de un comerciante de San Gimignano ya fallecido– que tenían una hermana soltera, llamada Ellisabetta o Lisabetta, joven educada y de gran belleza. Los hermanos tenían a su servicio, en un almacén de su propiedad, a un apuesto muchacho pisano llamado Lorenzo. Lisabetta comenzó a fijarse en él y Lorenzo lo notó, por lo que pronto surgió el enamoramiento y ambos jóvenes iniciaron una placentera relación secreta. Una noche, cuando Lisabetta se disponía a visitar a Lorenzo, el hermano mayor la descubrió y comprendió sus intenciones, pero no le dijo nada y esperó a que llegara el día para comunicárselo discretamente a sus dos hermanos. Para evitar la infamia y el escándalo públicos, decidieron actuar con sigilo y fingieron invitar a Lorenzo a ir con ellos fuera de la ciudad. Lorenzo no sospechó nada, pues todo el camino fueron charlando y riendo, y cuando llegaron a un lugar solitario lo asesinaron y allí mismo lo enterraron. Al regresar a Messina, hicieron saber que Lorenzo estaba fuera por asuntos del negocio familiar y, como era algo frecuente, todo el mundo creyó esta explicación.
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Lisabetta, preocupada por la ausencia de Lorenzo, preguntaba constantemente por él a sus hermanos, hasta que uno de ellos le contestó que, si seguía preguntando, obtendría la respuesta que merecía. La joven, asustada y entristecida, sin atreverse ya a preguntar, pasaba las noches llamando a Lorenzo y derramando lágrimas por él. Tanto lo reclamó que, una noche, se le apareció en sueños, pálido y empapado, y le reveló las circunstancias de su asesinato y dónde estaba sepultado.

Por la mañana y en compañía de una criada, la joven se dirigió al lugar que le había indicado el infortunado Lorenzo y cavó donde la tierra estaba más blanda y allí mismo apareció el cadáver incorrupto de Lorenzo. Como no podía llevarse todo el cuerpo, le separó la cabeza del cuerpo, la envolvió en una toalla y regresaron a casa.

Lisabetta se encerró en su alcoba con la cabeza de Lorenzo, la cubrió de besos y la lavó con sus lágrimas. Después tomó un gran tiesto y puso dentro la cabeza, envuelta en un hermoso paño, la cubrió con tierra y plantó varias matas de albahaca, que regaba con agua de rosas y de azahar o con sus propias lágrimas. La joven tomó el hábito de contemplar, día a día, largo tiempo el tiesto y de llorar sobre la hermosa mata de albahaca que había crecido sobre los despojos de Lorenzo, con lo que cada vez estaba menos bella y más demacrada.
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Los vecinos observaron esta conducta y se lo dijeron a sus hermanos, que le quitaron el tiesto, por lo que Lisabetta no cesaba de llorar y acabó enfermando. En su delirio, la joven no hacía más que pedir el tiesto, por lo que los hermanos, intrigados, lo vaciaron y descubrieron la cabeza de Lorenzo, ya descompuesta, pero aún reconocible por su cabello rizado. Los hermanos enterraron la cabeza y, para evitar el posible escándalo, se trasladaron a Nápoles. La desgraciada Lisabetta murió de pena, sin dejar de llorar y de pedir el tiesto de albahaca. Pasado el tiempo, se descubrieron los hechos e, inspirándose en ellos, alguien compuso una canción en la que una joven se lamenta amargamente por el robo de su tiesto.

¡Oh qué barbarie robarme el tesoro donde tenía puesto mi corazón!.
¿Quién sería el mal cristiano que el albahaquero me robó…

Texto: Miguel
Foto: Jose Angel Mur





Categoría: San Lorenzo

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MERMELADA DE TOMATE ROSA Y ALBAHACA

A estas alturas no os vamos a contar lo sabroso y buenisimo que es nuestro tomate rosa y la multitud de recetas que podemos hacer, así que hoy os dejamos una que nos parece distinta y además con sabor a San Lorenzo.

Ingredientes
750g de tomate rosa maduro
400g de azúcar
Medio limón
Varias hojas de albahaca fresca

Elaboración
Lavar los tomates con sumo cuidado.
Colocar una cazuela con abundante agua y llevar a ebullición, preparar mientras tanto un bol con agua fría y colocar en el interior cubitos de hielo.

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Escaldar los tomates sumergiéndolos en el agua hirviendo, contar hasta diez, retirar y enfriar en el bol de agua helada para detener la cocción, con esta técnica lo pelaremos más fácilmente y aprovecharemos toda la pulpa.
Cuando estén pelados los partiremos por la mitad y con ayuda de una cucharilla quitaremos las pepitas, los cortaremos en trozos pequeños y los reservaremos en un bol.
Lo trituraremos ligeramente sin que llegue a ser un puré, añadiremos el azúcar y lo mezclaremos bien.
Pondremos una cazuela a fuego fuerte y coceremos el tomate hasta que llegue a hervir, bajaremos un poco el fuego, manteniendo el hervor, pero que no salpique en exceso, remover de vez en cuando para que no se pegue en el fondo.
Durante el proceso se formará espuma, cuando desaparezca comprobar la consistencia de la mermelada, estará a punto cuando llegue a 104°C, si no tenemos termómetro, sabremos que está lista cuando las burbujas que se formen sean grandes y lentas.
Retirar del fuego y añadir el zumo de limón, remover bien para que quede bien integrado.

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Picar finamente la albahaca fresca y mezclar bien con la mermelada.

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Ahora sólo queda disfrutarla, pero si quieres hacer gran cantidad para guardarla y disponer de ella en cualquier ocasión, te contamos como hacerlo:
Primero debes de esterilizar los botes de cristal donde vas a guardar la mermelada, lo puedes hacer de dos formas, o poniéndo tanto los botes como los tapes en el horno durante 20 minutos aproximadamente a media potencia o cociéndolos a fuego medio durante unos 15 minutos, si optas por esta última opción debes de secarlos bien.
Introduces la mermelada y cierras los botes inmediatamente.
Pones los botes en una olla llena de agua asegurándote de que están bien cubiertos por el agua y los cueces  a fuego medio durante media hora. Los dejamos enfriar y los utilizaremos cuando más nos apetezca.

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Categoría: Recetas de aquí

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