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LEYENDA DEL DOLMEN DE IBIRQUE O “A CASETA D’AS BRUXAS”

dolmen

Antonio iba por la sierra de Guara, era la última hora de la tarde y la visibilidad era nula ya que una fuerte tormenta se acercaba y aunque conocía el camino como la palma de su mano decidió parar, se refugió bajo el dolmen que se encuentra en el cruce de caminos entre Ibirque y Abellana.
Para Antonio ninguno de aquellos parajes tenía secretos, pero no se encontraba a gusto debajo de aquel dolmen, pero dado que la tormenta ya se había desencadenado se acomodó lo mejor que pudo para resguardarse del aguacero que estaba cayendo.
El sueño se fue apoderando de Antonio poco a poco, hasta que un trueno que sonó de manera extraña le despertó, desde dentro del dolmen Antonio divisó un maravillo cielo estrellado.
Decidió abandonar el dolmen, pero en el momento de levantarse oyó voces, como una especie de canto y un susurro silbaba su nombre, a Antonio empezaron a temblarle las piernas, seguía oyendo su nombre, pero nadie sabía que se encontraba allí, aún no se había atrevido a salir del dolmen cuando vio unas luces iluminando el paisaje, luna no había, tampoco podía ser una hoguera, desde su escondite podía ver unas tenebrosas siluetas bailando lentamente.
Antonio salió del dolmen para salir corriendo, cuando asomó la cabeza notó como le ardían los ojos, una luz extraña penetró en sus pupilas hasta dejarle ciego.
Por la mañana una mano yacía en ademán de arañar la roca.
Antonio yacía muerto con expresión de horror y los ojos quemados.

Texto: Leyendas de Guara, Jesús Casasús Latorre.





Categoría: Redolada

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